
Había tres personas en la azotea cuando él llegó. Se trataba de un hombre mucho más joven que los demás, no más de 30 años, muy atractivo y de apariencia amigable. Hablaron algo entre ellos. Sinceramente me daba lo mismo lo que estuviesen tramando. Yo me sentía libre de pie en el pasamanos a 20 metros del suelo. Era una noche apacible, despajada y con la luna brillando llena sobre nuestras cabezas. La verdad es que no tenía pensado hacerlo en una noche de luna llena, quería oscuridad, pero ya no aguantaba más, no podía esperar. La brisa del verano hacía que me balancease y bailase a su ritmo. Sólo necesitaba una ráfaga más intensa para iniciar mi último vuelo. En la calle a mis pies se empezaba a formar un grupo de curiosos. Eran como buitres atraídos por el olor de la muerte. Bueno por lo menos en mi última actuación tendría público que aplaudiese. Entonces ese hombre se acercó a mí.
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Deténgase ahí o le juro que salto. Se lo juro-dije provocando gritos de horror entre mi público.
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No, no lo haga. No me acercaré más señorita…..
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Belén, me llamo Belén-
Muy bien, yo soy Diego Garrido-
¿Y qué le trae por aquí señor Garrido?- le pregunté.
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Pues me genera mucha curiosidad el motivo por el que una joven de veintipocos años está haciendo equilibrismo en la azotea de un edificio en mitad de la noche.

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¿qué quiere que le explique? Señor Garrido ya me cansé de esta vida. Pensará que con 22 años uno no puede darse por vencido, pero mis 22 años han sido tan duros que se me han hecho muy largos. Me siento como si tuviese 80 años, pero con una historia en blanco como pasado- le dije entre lágrimas
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Belén la vida no es fácil para nadie. Le contaré un secreto. Señores pueden dejarnos solos- les ordeno a los policías-
señorita la felicidad no existe.
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Eso ya lo sé, no es ningún secreto para mí, qué cree entonces que me trae aquí.
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No, no lo sabe, sino no estaría subida ahí ahora mismo-
¿qué está insinuando?¿qué es lo que quiere decirme? Nada de lo que me diga podrá hacerme cambiar de opinión. ¿Se piensa que esto es un arrebato?- mientras hablaba un grupo de bomberos colocaban una de esa enormes colchonetas en la acera. Estaba claro que no tenían intención de dejarme acabar con mi suplicio.
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Belén, en mi consulta escuchó historias como la suya cada día. Mucha gente se siente como usted.
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¡¡ Otro puñetero loquero, era lo que me faltaba¡¡- dije entre risas
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Pues este puñetero loquero como usted dice puede ayudarla si le deja.-
Adelante, ayúdeme usted doctor… - no podía dejar de reír
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Belén la felicidad no existe y jamás podrás encontrar algo inexistente. Desde niños creemos en un mundo perfecto que llegará a nosotros sin buscarlo, un mundo con todo lo que deseamos. Sin embargo ese deseo sólo genera decepción una vez que no llega. Entonces empezamos a buscar la felicidad como locos. La buscamos en otra gente, en un trabajo, en una pareja… buscamos algo utópico y ese es el problema. Nos centramos en eso y no vemos las cosas que en realidad vivimos en el transcurso de esa búsqueda. La felicidad está en ese recorrido, no en el final del camino.-¡ qué bonito¡- aplaudí
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Piense lo que quiera pero hágame un favor y recapacite un segundo. ¿qué es lo que le falta?¿Se piensa que mi vida es fácil o la de la gente de ahí abajo?-
¡Si¡, si lo creo. Lo creo y punto. No tengo nada por lo que seguir.- estaba empezando a flaquear.
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No lo creo. Tiene salud o eso parece. Por sus ropas y teniendo en cuenta donde vive, el dinero tampoco es su problema. Ayúdeme a comprenderla o salte de una vez si eso es lo que quiere..
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Deje de analizarme de una puta vez. ¿qué coño sabrá usted de mi vida?-
Cuéntemelo y la ayudaré-
No- me giré para ver a mi público
Había decenas de personas observando la escena como bobos. Seguramente quedarían decepcionados si no saltaba. La escena del salvamento a última hora ya lo habían visto muchas veces en películas. El salto era más emocionante. Sin embargo, ese puñetero loquero me estaba haciendo pensar. Era bueno en su trabajo. ¿Y si era cierto y me había ofuscado en llegar al final del camino y me había olvidado de disfrutar del viaje? Mierda, me estaba planteando por su culpa, lo que ya tenía más que decidido. Quizás estaba equivocada.
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Belén mírame, por favor- suplicó

Me giré y le miré. Le miré a los ojos y como hipnotizada me bajé del pasamanos. La gente aplaudió y yo me desplomé llorando en el suelo a sus pies. Cómo pude pensar que dejarlo todo era la solución. Era débil y necesitaba ayuda cuanto antes. Me alzó y me abrazó con fuerza mientras me susurraba al oído que dejase de llorar, que ya había pasado todo.
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Diego ¿me ayudarás a disfrutar de mi viaje?-
Te lo prometo- susurró y me besó en la frente.
Ha pasado un año desde esa noche y Diego me ha enseñado a disfrutar de lo que tengo y dejar de anhelar lo que no. Todo llega si tienes paciencia, me repite en ocasiones. Y es cierto todo llega, si eres capaz de verlo.
Él me mostró la luz y jamás podré recompensarle por ello. Por el momento, esta noche le he invitado a cenar. El puñetero loquero es encantador.

Escrito en mayo del 2007