¿Qué haces cuando de pronto te das cuenta de que ya
es demasiado tarde para deshacer lo andado
y estás demasiado cansado para iniciar un nuevo camino?
Toparte con los errores cara a cara te hace cuestionarte
tantas cosas......
Hola a tod@s¡ Ya no sé ni cuanto hace que no abría mi blog, pero hoy me apetecía recordar viejos tiempos y ver como estaba hace ya casi un año. La verdad es que me fui un día sin más, pero estaba cansada de ser la niña triste y estaba cansada de aguantar comentarios ofensivos de algún impresentable( que si vuelves, pues bienvenido seas que seguro me echaste de menos), así que decidí cerrar todo y desconectar. No creo que vuelva por aquí, pero al menos saludaros a los que aún estéis en el mundo blogger, que sé que algunos, como yo, abandonaron sus blogs. Espero que todo os haya ido muy bien en este tiempo; yo estoy muy bien y espero seguir así por mucho tiempo, que como dije antes me cansé de ser y estar siempre triste.


En ocasiones nos encontramos en situaciones que nos hacen plantearnos muchas cosas. Así me encuentro yo en relación al blog. Siempre dije que era mi vía de escape y con esa intención lo creé, pero ahora más que ayudarme creo que está consiguiendo que me encierre más en mí de lo que ya de por si me encierro. Es una forma de recordarme cosas cuando pienso que ya deberían irse, machacarme por el simple hecho de recordarme lo que hay, lo que no y lo que yo quisiera que hubiese. LLevo varias semanas pensando si debo cerrarlo, tomarme unas vacaciones o simplemente desaparecer hasta que todo mi mundo vuelva a su sitio y de tanto meditarlo me estoy volviendo un tanto majara. Me da mucha pena el cerrarlo porque es una parte de mi, como un hijito, y me ha dado muchos buenos ratos y la posibilidad de conoceros a todos. Eso creo que ha sido lo mejor, el conocer a gente como vosotros, pero ahora mismo necesito a gente a la que pueda tocar, escuchar, ver... y el blog eso no me lo da y me recuerda que tampoco lo tengo.


















La acompañé sin que se percatase en su espera meses hasta que una mañana hallé sobre su banco un sobre arrugado y desgastado, seguro por la mezcla de lágrimas y dolor. Nunca supe más de ella pero dicen que se quitó la vida arrojándose a la vía del tren que meses antes ya se la había arrebatado al llevarse al hombre que había escrito esa carta. A día de hoy no he conseguido leerla, creo que no soy merecedor de ser partícipe de su historia. Sólo sé que hizo que comprendiese que existe el amor verdadero y que por nada de este mundo, terquedad, orgullo … debemos dejar escapar ese tren. Yo no lo hice. Y tú?





